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19 de Diciembre

¿Alguna vez has dicho o pensado que tienes “dolor de ovarios”? Infórmate bien antes de volver a mencionarlo, pues este no existe, más bien es un dolor pélvico intermenstrual causado por la ovulación. Conversamos con nuestra ginecóloga Laura Jaramillo para traerte toda la información; aquí te responderemos qué es lo que estás sintiendo y qué puedes hacer para aliviarlo. ¡Empecemos!
Los ovarios tienen dos misiones fundamentales que van de la mano: producen y almacenan los óvulos que utilizaremos en nuestra vida fértil, y al mismo tiempo, son nuestra fábricas de hormonas, pues liberan estrógeno y progesterona, dos hormonas clave que regulan nuestro ciclo menstrual y nos permiten mantener el equilibrio en nuestro cuerpo.
Cada mes, nuestro cuerpo pasa por un proceso complejo de preparación para un posible embarazo. Alrededor del día 14 de un ciclo regular, llega el momento de la ovulación, donde uno de nuestros ovarios libera un óvulo hacia las trompas de Falopio, donde podría ser fecundado por un espermatozoide.
Detrás de esta acción hay todo un proceso que comienza mucho antes. En cada ciclo, cada ovario contiene entre 10 y 20 folículos (pequeños sacos llenos de líquido). La mayoría permanecerá en reposo, pero uno de ellos quiere madurar y solo ese folículo dominante crecerá lo suficiente para liberar su óvulo en el momento de la ovulación.
Si el óvulo no es fecundado, los niveles de progesterona descienden y comienza nuevamente la menstruación. Es así como cada ciclo inicia de nuevo, mes tras mes.
Pero… cuando sentimos esas molestias en la parte baja del abdomen, ¿realmente vienen de los ovarios? ¿O hay algo más detrás de esas sensaciones que experimentamos? Sigue leyendo porque esta respuesta es más interesante de lo que imaginas.
Empezaremos reemplazando el término “dolor de ovarios”, por dolor pélvico. Se trata entonces de un dolor en la parte baja del abdomen que puede tener múltiples causas, y no siempre son ginecológicas. De hecho, detrás de ese dolor pélvico puede haber condiciones gastrointestinales, urológicas, musculoesqueléticas, psicosociales e incluso oncológicas. Por eso, es importante prestar atención a las señales de nuestro cuerpo y, sobre todo, estar siempre bien informadas.
Así que, ¡no! Cuando una mujer tiene un dolor bajo, no necesariamente son los ovarios.
Según nuestra especialista, Laura Jaramillo, una de las primeras causas ginecológicas que debemos descartar es el periodo, ya que muchas de nosotras experimentamos ese dolor pélvico durante los días que menstruamos debido a las contracciones uterinas que ayudan a expulsar el tejido y la sangre menstrual.
Sin embargo, si este dolor aparece fuera de nuestro periodo, puede haber otras razones detrás que veremos a continuación:
Los quistes ováricos son una de las causas más comunes de dolor en la zona baja del abdomen y suelen estar relacionados con el ciclo menstrual. Estos pueden formarse en el ovario que liberó el óvulo, ya sea el derecho o el izquierdo, como parte natural de la ovulación. Por eso, es normal que a veces sientas molestias más fuertes en un lado que en el otro.
Generalmente aparecen cuando el folículo se abre para liberar el óvulo, pero en lugar de reabsorberse, se llena de líquido y forma un pequeño quiste funcional.
Aunque su nombre pueda sonar preocupante, la mayoría de estos quistes son benignos y desaparecen con el tiempo sin necesidad de intervención. Aun así, es importante hacerles seguimiento y consultar a un profesional si notas que aumentan de tamaño o si el dolor se intensifica, para que lleves un tratamiento y cuidados especiales.
¡Otras de las razones por las que puedes estar presentando un dolor pélvico intenso! Se produce cuando el óvulo fecundado no se implanta exitosamente en el útero y comienza a formarse fuera de él, provocando daños en los órganos vecinos y, con ellos, mucho dolor. Es importante que, si tienes sospechas de un embarazo, vayas con tu ginecóloga para asegurarte de que todo esté avanzando bien.
¡Nadie te conocerá mejor que tú, así que escucha a tu cuerpo! Si presentas un sangrado abundante que no se parece a tu menstruación habitual y viene acompañado de un dolor pélvico más fuerte o distinto al de siempre, consulta de inmediato con tu ginecóloga. Estos síntomas pueden ser la señal de un aborto espontáneo. Aunque es una situación que ninguna de nosotras quiere vivir, estar atentas a las señales ayuda a prevenir complicaciones y a cuidar nuestra salud de manera oportuna.
¡También son posibles causas que entran en la lista del dolor pélvico! Los teratomas ováricos son un tipo de tumor que se forma en los ovarios y, aunque la palabra "tumor" pueda sonar aterradora para nosotras, la mayoría de ellos son benignos. Te invitamos a leer nuestro artículo completo sobre teratomas ováricos. Estos quistes suelen contener tejidos como cabello, ojos, piel o grasa (suena rarísimo, pero es real) y pueden crecer lentamente sin causar síntomas durante mucho tiempo. Sin embargo, cuando alcanzan un tamaño considerable o sufren torsión ovárica, pueden provocar un dolor pélvico intenso, hinchazón abdominal y otras molestias que nos harán visitar a nuestra ginecóloga de confianza.
Se trata de un desorden inflamatorio que, con el tiempo puede comprometer no solo nuestro útero, sino también las trompas de falopio y los ovarios. Según lo explica nuestra especialista, puede derivarse de una infección o ITS (Infección de Transmisión Sexual) que pasa desapercibida y, al no ser tratada, puede generar inflamación, abscesos ováricos u otros daños irreversibles en nuestro sistema reproductor. Existen tres tipos:
Aguda: aparece de repente (en menos de dos semanas) con dolor pélvico fuerte, fiebre, flujo con mal olor, sangrados irregulares y ganas constantes de ir al baño. La buena noticia es que se trata con antibióticos si se detecta a tiempo.
Subaguda: aquí es cuando la infección no da la cara, pasa desapercibida y va dejando daño sin que te des cuenta. Muchas mujeres descubren que la tienen cuando intentan quedar embarazadas y no pueden porque sus trompas están afectadas.
Crónica: se siente como un dolor abdominal constante, acompañado de fiebre intermitente y hasta pérdida de peso. En estos casos, los médicos buscan causas menos comunes, como hongos o incluso tuberculosis pélvica.
Cuando el dolor pélvico deja de ser algo ocasional y empieza a sentirse con mayor frecuencia o intensidad, podría estar relacionado con una condición ginecológica crónica. Las más comunes son:
Endometriosis: ocurre cuando el tejido que recubre el útero crece fuera de él. Esto puede generar dolor intenso, inflamación y, en algunos casos, dificultades para lograr un embarazo.
Adenomiosis: conocida como una especie de “endometriosis dentro del útero”, se presenta cuando el tejido endometrial invade la pared muscular del útero, provocando sangrados muy abundantes y cólicos menstruales más fuertes de lo habitual.
Síndrome de vejiga dolorosa: aunque no es una condición ginecológica, puede causar molestias en la zona pélvica y confundirse fácilmente con dolor en los ovarios.
No normalices el dolor pélvico, especialmente si interfiere con tu día a día. Si sientes que las molestias afectan tu rutina, lo mejor es consultar a tu ginecóloga para recibir un diagnóstico adecuado y encontrar el tratamiento que te ayude a sentirte mejor.
¡Sí! De hecho, esta es una de las preguntas más frecuentes. Es completamente normal sentir dolor pélvico cuando nuestro embarazo está iniciando, sin embargo, siempre será mejor llevar un control con nuestra ginecóloga y explicarle todos estos síntomas para poder tener la tranquilidad que tanto necesitamos en esta etapa. A menudo el dolor pélvico, esa “pesadez” o esa sensación de estar más inflamaditas de lo normal, puede sentirse como cuando nos va a llegar el periodo. Siempre y cuando este dolor no venga acompañado de sangrado, molestias para orinar o flujos inusuales, ¡podemos estar tranquilas!
No es que le pidas a los astros aliviar el dolor de ovarios y desaparezcan, especialmente porque cada molestia puede tener un origen distinto. Aun así, nuestra especialista compartió algunos consejos que pueden ayudarte a manejar mejor el dolor pélvico:
Aplica calor o frío: usa una bolsa térmica, un paño caliente o incluso una botella con agua, alternando entre calor y frío en la zona donde sientes la molestia. Esto ayuda a relajar los músculos, disminuir la inflamación y darte alivio.
Cuida tu alimentación: si el dolor es recurrente, es clave descartar problemas en el colon y observar qué alimentos pueden estar causándote inflamación. Escucha a tu cuerpo, identifica qué te cae mal y haz ajustes que te ayuden a sentirte mejor.
Incluye ejercicios de Kegel: son simples, rápidos y tienen un impacto positivo enorme. Fortalecen el suelo pélvico, mejoran la vida sexual, apoyan el proceso del parto y contribuyen a tu salud ginecológica en general.
Practica yoga: es una gran opción para aliviar el dolor pélvico. Realiza las posturas del niño, la mariposa o el puente para liberar la tensión y mejorar tu bienestar.
Hidrátate siempre: llénate tu termo favorito y mantenlo cerca durante el día. Tomar suficiente agua parece básico, pero ayuda para todo: reducir la inflamación, favorecer la digestión, estar hidratada…
A los 40 todavía podemos ser mujeres fértiles y por lo tanto el dolor pélvico puede estar asociado a todas las causas que te mencionamos anteriormente. Sin embargo, al llegar la menopausia, esa etapa en la que los niveles de estrógeno comienzan a disminuir, nuestro cuerpo experimenta varios cambios y nuestros ovarios se apagan, el dolor pélvico puede deberse a otras razones como fibromas uterinos, quistes ováricos persistentes, endometriosis o problemas en el suelo pélvico. ¡Visita a tu ginecóloga si es tu caso!
Deberías consultar a un especialista cuando el dolor pélvico se vuelve frecuente, intenso o aparece acompañado de otros síntomas como sangrados entre la menstruación, fiebre, náuseas, mareos o molestias que no mejoran con reposo o analgésicos comunes. Pide revisión médica también si el dolor interfiere con tus actividades diarias, afecta tu vida sexual o si notas cambios repentinos en tu ciclo menstrual.
Hay dos consejos que nunca nos cansaremos de darte; el primero es nunca faltar a tus controles periódicos con tu ginecóloga de confianza, esto te ayudará a que te realices los exámenes médicos correspondientes y puedas descartar cualquier condición a tiempo; el segundo, es escuchar a tu cuerpo, comprender tus ciclos y creerle al sexto sentido que te avisa cuando algo no va bien.
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